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6 feb 2012

Dolor

El globo rojo trataba de esquivar aquella multitud sobre la acera, buscando un espacio por el que ir alejándose cada vez más. Tratando de no explotar, recibiendo golpes, patadas, choques, desinflándose poco a poco, buscando un poco de aire que le elevara un poco, que le hiciera respirar y esquivar al resto de la gente. Alejándose de todo. Alejándose de ella que lo observa paralizada, sola, sin poder hacer nada para recuperarlo, cansada de correr sin poder alcanzarlo. Y la ve tan frágil, intentando sin éxito contener las lágrimas, tan sola, tan perdida. Tan lejos.
Sin comprender por qué se escapa de la única que le cuidaría para siempre. Protegiéndole de los golpes, procurando que no se desinflara, admirando su belleza.




Él trata de esquivar aquella multitud, buscando un espacio por el que escaparse de todo. Tratando de no hundirse, de no sentir, de escapar del dolor, desinflándose poco a poco, buscando un poco de aire para poder respirar. Alejándose de todo. Alejándose de ella que lo observa paralizada, rota, sin poder hacer nada para recuperarle, cansada de luchar sin poder alcanzarle. Y la ve tan frágil, tan sola, tan perdida, inundada en lágrimas. Tan lejos.
Sin comprender por qué se separa de la única que le amaría para siempre. Protegiéndole del dolor, procurando hacerle feliz cada día, admirando su belleza.


1 nov 2010

Cosas de la vida



El 29 de octubre cumplo veintiocho años y podría decirse que no le tengo miedo a la muerte porque ya he vivido y sentido más que mucha gente en toda su vida. Sin embargo, aquí estoy haciendo una lista con las cosas vividas y las que si supero esta enfermedad me esperan, y creo que vale la pena luchar.

He tenido una infancia más que buena, recuerdo pasar los fines de semana jugando sin parar con mis primos en el parque de enfrente de casa, y las reuniones familiares en casa de mis abuelos, los veranos interminables a pie de playa y las clases rodeada de amigas. Para mí nunca fue un esfuerzo ir al colegio, era un lugar en el que me lo pasaba genial. Siempre buenas notas, siempre sin complicaciones. He reído más que nadie y he aprendido a enfrentarme a los malos momentos de la mejor manera posible. He salido, he bailado y he disfrutado alargando los días buenos hasta hacerlos eternos. He pisado la playa millones de veces, y siempre puedo recordar la tranquilidad que da el mar como si estuviera en él. He corrido, patinado, andado en bici, saltado, nadado, buceado, escalado árboles, y me he hecho más heridas que nadie, pero siempre he logrado mi objetivo. He comido millones de helados y he repetido hasta hartarme mis comidas preferidas. Me he atiborrado a chocolate las veces que he querido, y me he arrepentido después otras tantas.

He ido de compras, me he comprado cosas que sólo he utilizado un par de veces y otras que no he querido tirar hasta que no me ha quedado más remedio. He crecido, he engordado, he adelgazado, me he cortado el pelo de distintas maneras, me he puesto flequillo, me lo he quitado, me he dejado el pelo largo y me lo he cortado, me lo he teñido, me he puesto reflejos, me he enfadado con la peluquera, y hasta me lo he cortado yo misma.

He ganado un mundial de baloncesto, he visto al Obra en la ACB y le estoy viendo luchar por volver a ella. He entrenado con todas mis ganas y he disfrutado cada entrenamiento y cada partido. He ganado y he perdido muchas veces, y he amado el baloncesto más que nadie.

He leído muchísimos libros y he intentado escribir algo decente muchas veces. He entrado en muchaslibrerías y siempre he salido cargada de libros.

He amado el baloncesto, los libros y a alguien de una forma que pensaba que no podría volver a amar a nadie más, y me he equivocado. Y he llorado y lo he pasado mal, y lo he superado, y el olvido se posó sobre los recuerdos y éstos dejaron de doler. Y he vuelto a querer, y me he vuelto un poco loca y he querido como antes a alguien a quien no he visto, y he vivido una historia de película, y sigo en busca de mi final feliz.

He vivido y sentido las cosas tan intensamente que siempre he creído que siento más que el resto de la gente. Y ahora sé que tengo que seguir adelante porque me quedan muchas cosas por vivir: tengo que conocerle, tengo todavía muchas historias que devorar, muchos nervios ante el televisor esperando que el tiro entre, tengo que probar muchas clases de bombones y comer tortilla de patata miles de veces más, tengo muchos sitios a los que ir, tengo que descubrir todavía muchas formas de amar y volver a querer hasta el límite, tengo que curar muchas heridas y enseñar a mis futuros hijos a andar en bicicleta. Todavía tengo que reír muchísimo más.

10 jul 2010

Ella y el mar


Aquel muro le impedía la visión. Todos los días se levantaba desubicada, no sabía dónde estaba. Miraba a su alrededor y sólo veía una estancia vacía únicamente ocupada por la cama donde dormía, un pequeño lavabo y una silla frente a una ventana. Siempre se quedaba un rato aturdida sentada en la cama intentando recordar qué hacía allí, y al levantarse siempre hacía el mismo recorrido. Se levantaba despacio, meter los pies en las zapatillas era todo un reto para ella, siempre acababa refunfuñando que no eran su talla, después se levantaba y lentamente se acercaba a la puerta e intentaba abrirla, no sabía qué habría al otro lado, pero siempre estaba cerrada. Después se lavaba la cara, una cara totalmente desconocida para ella, ya no recordaba cómo era, se recogía el pelo, antes brillante y recogido en estudiados moños y ahora sin vida y totalmente enredado, y llena de curiosidad se asomaba a la ventana, y todos los días se llevaba un gran disgusto al toparse con aquel enorme muro. Y este era el único momento del día en el que rompía su monotonía, ya que cada día imaginaba un paisaje distinto al otro lado. A veces era un parque, con columpios y niños jugando y montando un gran alboroto. Y no sabía por qué pero alguno de los rostros de esos niños le resultaba familiar, igual los había visto alguna vez. Otras veces se imaginaba una calle de una gran ciudad, con un montón de gente cruzándose unos con otros y con prisas por llegar a su destino, mucho tráfico y coches pitando a los peatones que casi se les tiraban encima para cruzar al otro lado de la calle. También imaginaba las tiendas que tenía enfrente, las cafeterías, y las vidas de las personas que entraban y salían de ellas. Pero el paisaje que más le gustaba imaginar era el mar. Le encantaba abrir la ventana y respirar su olor, escuchar su murmullo. En esas ocasiones la ventana se convertía en puerta, ella se desvestía, y se veía con su moño perfecto, joven y llena de vida, y se adentraba en el mar bañada por una sensación que hacía mucho que no sentía. Y la felicidad le hacía seguir avanzando, muy lentamente para apreciar bien cada momento, movida por las olas, riendo cada vez que le salpicaban, disfrutando de cada sensación, sintiéndose viva. Hasta que se le perdía de vista.

19 jun 2010

Tus rizos al viento

El calor hace que las terrazas se llenen. Yo lo observo todo desde el ventanal de mi despacho y agradezco la agradable temperatura a la que se está aquí. Últimamente la cantidad de trabajo ha aumentado y paso más tiempo aquí dentro que nunca. La jornada laboral siempre se alarga y al acabar me voy directo a casa, a disfrutar del poco tiempo que me queda de descanso. Es en ese momento cuando dejo que mi mente se libere y pienso en tí. He aprendido hace tiempo a controlarlo. Cada vez que te asomas a mi cabeza te dejo a un lado, esperando al momento en que pueda prestarte toda mi atención. Y así cuando llego a casa siempre estás conmigo.
Hoy no sé qué ha pasado, supongo que el gentío que hay ahí abajo ha llamado mi atención y me he distraído por un momento dejándote entrar en mis pensamientos. Y has llegado como un huracán, no has dejado nada en pie. Llevo horas intentando acabar el trabajo pero tu presencia me distrae.
En una de las mesas hay tres chicas que deben ser de tu edad. Hablan sin parar y se ríen todo el tiempo, y mientras a mis oídos llega el sonido de tu risa y tus ojos se clavan en mí buscando la mía. Una de esas chicas me recuerda a tí, tiene tu pelo. Sus rizos se mueven de vez en cuando mecidos por una ligera e intermitente brisa. Mientras, yo alzo mi mano moviendo los dedos imaginándomelos enredados en ellos. Esa chica está embarazada.
Hace tiempo que no sé nada de tí. No sé dónde estás, ni qué habrá sido de tí. Igual a estas horas estás con tus amigas en una terraza como esta, igual estás embarazada o igual ya tienes algún niño, igual estás con alguna cosa del trabajo como yo, igual alguna vez aún te acuerdas de mí. Y en realidad me da igual donde estés, porque el único lugar donde me gustaría verte es aquí, rodeada de toda esa gente, con tus rizos al viento y tu sonrisa en la cara esperando a que termine de trabajar.

6 jun 2010

Toca otra vez viejo perdedor, haces que me sienta bien...


[Pero a ratos con furia golpea el piano
y algunos le han visto llorar...

Toca otra vez viejo perdedor,
haces que me sienta bien.
Es tan triste la noche
que tu cancion
sabe a derrota y a miel]

Había convertido en batuta la cucharilla del café sin apenas darse cuenta. ¡Hacía tantos años que no componía! Todos aquellos años de amor por la música, las clases particulares de pequeño, las tardes de ensayo, los madrugones para repasar las partituras que llevaba consigo a todos los sitios, la beca conseguida para formarse en Juilliard, todo le parecía tan lejano…
Su excesivo perfeccionismo le había llevado a esta situación. Aquel concierto tan importante… Nunca se había permitido fallar, y ese día sus dedos no habían respondido como debieran ante el piano. Su instrumento preferido se había convertido ese día en su mayor enemigo. Nunca entendió qué le pasó, la incomodidad que sintió frente al instrumento, la inmensidad de éste y lo pequeño que se sintió ante él, sus dedos que no se acomodaban a las teclas, el compás mal cogido… Nunca supo explicarlo, nunca comprendió lo que pasó aquel día. Simplemente cedió ante la angustia de qué sucedería si eso volviera a pasar y ese día fue el último día que se subió a un escenario. Él, que ya era un maravilloso músico y un prometedor compositor, con pánico escénico.
Nunca volvió a componer aunque de vez en cuando se sentaba en su viejo piano y recordaba aquellos años tocando todas las piezas que había tocado aquel día. Ahora no fallaba nada, nunca había fallado, sólo ese día.
Han pasado muchos años y a ese joven, ahora hombre ya entrado en edad, le ha cambiado completamente la vida. Tiene una tienda en la que vende instrumentos de música, aunque más que una tienda parece un museo por la gran variedad y el valor de las piezas que tiene. Alguna vez también ha dado clases particulares de piano y de violín, pero en estos momentos no le da clase a nadie. Hoy es domingo, y como todos los domingos se ha levantado temprano y ha acudido a su tienda a limpiar los instrumentos que tiene expuestos, le gusta conservarlos en perfecto estado. Después va a recoger a su nieto y se lo lleva a dar un paseo por el parque y a desayunar, pero hoy llueve, y en vez de estar en la terraza de la cafetería de siempre han tenido que entrar. No hay mucha gente, se ve que los domingos lluviosos la gente prefiere quedarse en casa. De lejos se escucha la televisión, y él permanece atento a las historias que le cuenta su nieto. De repente una melodía se apodera de su atención, viene de la televisión, es la música de un anuncio y, sin darse cuenta, coge la cucharilla de su café y marca el compás, en una servilleta dibuja un pentagrama y empieza a trazar notas, pronto la servilleta se llena de negras, blancas, corcheas, semicorcheas, todas bailando al ritmo que se esboza en su cabeza. Está componiendo, casi sin darse cuenta, sin el menor esfuerzo. Cuando llegue a casa la tocará al piano, está seguro de que es buena, y la tocará ante su público, aunque ahora se reduzca a su nieto.

18 abr 2010

La chica del paraguas rojo y los donuts de chocolate


La chica del paraguas rojo hacía días que no sonreía, la pena se había apoderado de ella.
El chico del paraguas azul la observaba desde lejos, no quería que ella le viera. Desde aquel café no habían vuelto a verse y no era porque hubiese estado mal, más bien había sido porque había sido tan mágico que él temía que dejara de serlo.
La vio saliendo del supermercado. Llevaba sólo una bolsa de la que estaba sacando un paquete de donuts de chocolate y estaba cogiendo uno. Iba poco abrigada para el día que hacía. Pantalones vaqueros, catiuskas, una camiseta y una chaquetilla. Ese día había dejado el paraguas en casa, parecía que estaba desafiando al temporal.
La vio de lejos, y aunque un poco avergonzado comenzó a seguirla sin intentar disminuir la distancia entre ambos. ¡Le hacía tan feliz volver a verla! No sabía qué tenía esa chica, pero le había encandilado.

Carla no tenía un buen día, todavía no había aprendido a echar de menos, y mucho menos a echar de menos a alguien con quien había estado sólo dos horas en toda su vida. No sabía qué tenía ese chico, pero le había encandilado.
Ése era el motivo de los donuts de chocolate, porque aunque Mario no lo supiera los que más le gustan son los otros. Los de chocolate sólo los come cuando no está de humor para pringarse los dedos con el azúcar. Pero los donuts de chocolate no hacen que se sienta mejor, y lo sabe, sólo le ayudan a llorar.

Mario no sabe que está llorando porque la está viendo por atrás y porque ni por asomo se imagina que es la causa de su pena.
De repente se pone a llover y Mario se da cuenta de que va sin paraguas y que sigue caminando sin cobijarse en ningún sitio. Y ella, que hoy le da igual todo, deja su bolsa en el suelo y se pone a dar vueltas bajo la lluvia, empapándose.
Mario no entiende nada y se acerca corriendo a ella para taparla. Y Carla vuelve a sorprenderle lanzándose a sus brazos y abrazándole bien fuerte. A Mario le ha parecido ver en su cara que la lluvia se había mezclado con sus lágrimas y se le ha hecho un nudo en el corazón al pensar que ella estaba llorando. Se separa un poco de ella y la invita a un café pero ella le dice que no, que está empapada. Y al mirarle le parece ver un asomo de tristeza en sus ojos y como ni de broma quiere ser la causa de su tristeza le coge el paraguas, lo cierra y lo deja en el suelo. Y cogiéndole de la mano se pone a girar con él bajo la lluvia, y es ahí cuando Mario se da cuenta de que con esta chica nunca va a desaparecer la magia, porque ella es especial.

4 abr 2010

El Zorro

En un camastro desvencijado Joel jugaba con un roído antifaz. Era el único recuerdo que tenía de su padre.
Habían llegado a la ciudad hacía unos meses escapando de todos los problemas que tenían en el pueblo. Su padre era un joven labrador que había heredado un pequeño terreno que utilizaba como huerta para después vender los productos en el mercado, pero al morir su mujer él solo no pudo hacerse cargo de todo el trabajo y al tener que contratar a alguien y pagarle un jornal comenzaron los problemas. Primero fue eso, después el descenso de las ventas, las dificultades para reunir el dinero que costaba tener un puesto en el mercado, y por último el incendio que provocó la pérdida de casi todos sus cultivos. Y ante esta situación no le quedó más remedio que recurrir a préstamos con enormes intereses que no era capaz de pagar. Por ello, al cabo de dos años, decidió coger a su hijo, algunas de sus pocas pertenencias y huir de sus problemas en busca de una vida mejor y un buen futuro para su hijo.
Al llegar a la ciudad se instaló en el sótano de un edificio abandonado que, casualidades de la vida, también había sido incendiado. Y recogiendo algún mueble de la calle intentó transformarlo y darle la apariencia de un hogar. Pero conseguir trabajo era más complicado. No eran buenos tiempos y lo único que conseguía era un trabajillo de vez en cuando. Un día en el muelle ayudando a descargar la mercancía de los barcos a cambio de unas monedas, otro día ayudando a apilar las cajas en una frutería a cambio de algo que llevar a casa para que comiera su hijo. Y fue en uno de estos trabajos, ayudando a vaciar una antigua tienda de disfraces cuando se hizo con el antifaz. Todo lo que había en la tienda se dividía en dos montones: el que se llevaban los dueños para vender a otros comerciantes y el que se iba a la basura. De este era del que se encargaba el padre de Joel. Al concluir su trabajo volvió a los contenedores a los que había llevado las cajas y rebuscando en ellas se hizo con varios disfraces de su medida. Y ese fue el día que el padre de Joel encontró un trabajo estable. Al día siguiente salió con uno de sus disfraces, se colocó en un lado de la plaza, sentó a Joel en una caja a su lado y comenzó su función. No era mucho lo que ganaba pero a lo largo del día eran bastantes las personas que se paraban frente a él y le daban alguna moneda.
Tenía tres o cuatro disfraces y por lo tanto tres o cuatro representaciones distintas según el traje. Cada disfraz tenía su historia, nunca se preocupó de cambiarlas ni de introducir nada nuevo porque la gente no se aburría de ellas y seguían parándose a escucharle. A todo el mundo le gusta que le cuenten un cuento aunque sea siempre el mismo, y el padre de Joel los contaba y representaba muy bien.
Solían levantarse tarde y a media mañana se instalaban en la plaza. A medio día descansaban un par de horas para comer y echar la siesta y después volvían hasta media noche. Siempre hacían el mismo horario y era muy fácil controlarles. El padre de Joel nunca habría imaginado que eso pudiera ser peligroso. Los días de semana por la noche casi no había ni un alma por la calle, pero Joel y su padre se quedaban siempre hasta la misma hora. Joel algún día había protestado, ya cansado, porque no entendía que si no había público no pudieran irse y acostarse. “En el trabajo hay que ser disciplinado, hijo mío. Como en todo en la vida” le contestaba su padre, y Joel no rechistaba.
Ese día la calle estaba desierta, hacía frío y la gente prefería estar calentita en sus casas. Joel vio a dos hombres acercarse y quiso decirles que la función ya había terminado, pero no le dio tiempo a decir nada. Los acreedores de su padre les habían encontrado. No mediaron palabra, se acercaron a su padre y le pegaron un tiro. Joel asustado se fue corriendo hasta el sótano, y cuando pensó que ya había acabado el peligro volvió junto a su padre. Hacía tiempo que no respiraba, le quitó el antifaz, le cerró los ojos y se fue de allí. La última función de su padre había sido la de “El Zorro”.

25 mar 2010

La llave de Armaria

Rebuscando entre los papeles encontraron una llave de lo más extraño. Parecía antigua y como ninguno de ellos sabía qué abriría la volvieron a dejar encima de la mesa entre las demás cosas. Estaba todo revuelto, si el abuelo viera cómo estaban dejando todo se habría puesto a gritarles como un loco. Él siempre lo tenía todo bien ordenado. Nadie le dio importancia a la llave, supusieron que abriría una de las muchas cajas que guardaba el abuelo con sus papeles y sus cosas. Nadie excepto Carolina.
Carolina tenía nueve años, y nadie parecía prestarle atención. Estaban todos muy ocupados desordenando las cosas de su abuelo buscando dios sabe qué. Le habían dicho que el abuelo se había ido, que ya no volvería a verle, pero no le habían dado más explicaciones. A nadie le importaba si ella lo entendía, todos estaban preocupados con otras cosas. Si se hubieran parado a explicarle algo, a hablar con ella, ella les habría dicho para qué servía esa llave. Era una llave muy importante, pero esto sólo lo sabía ella. Así que sin que se enteraran la cogió y se la guardó en el bolsillo.Tenía que esperar el momento adecuado para poder usarla, el abuelo siempre lo hacía, cuando no le prestaban atención se marchaba con su llave y la utilizaba.
El abuelo de Carolina escribía cuentos. Llevaba toda la vida haciéndolo. Escribía muchos y todos muy buenos. Tenía a todos los editores y críticos literarios impresionados. Todo el mundo se preguntaba de dónde venía su inspiración, y la clave era aquella llave. Esa llave abría una puerta oculta escondida en el sótano de su casa. Había que mover un poco el armario, detrás había un panel que si lo empujabas cedía y después había una puerta. Al abrirla entrabas en Armaria, el mundo donde se desarrollaban todos los cuentos del abuelo. Carolina era la única que sabía que el abuelo no tenía tanta imaginación, que lo único que hacía era narrar lo que pasaba en Armaria. Ella le había acompañado una vez, poco antes de que su abuelo se fuera. Y había prometido guardar su secreto. Su abuelo le había dejado a ella su mejor herencia.

1 feb 2010

01022010 (o al revés)

Conduje por la costa, por ese camino que tantas veces había recorrido contigo. Tú y el mar. Parecía que te faltaba el aire si no os veíais a menudo. Pero esta vez el viaje era distinto, faltabais tú y tu sonrisa a mi lado y yo llevaba los ojos desbordados de lágrimas, pero no me hacía falta ver, mi coche se sabía el camino de memoria, y si en ese momento me hubiera salido de la carretera tampoco me habría importado.
Al llegar salí corriendo del coche y bajé saltando por las rocas, ahora tú no podías verme y no tendrías miedo de verme caer, y me acerqué al mar, me metí hasta la cintura mientras las pocas fuerzas que me quedaban salían de mi en forma de lágrimas, y le grité al mar que te ayudara, que él tampoco podría estar sin ti. Después salí y me dejé caer en la arena, y te vi allí apenas un mes antes, el último día que fuimos a la playa. Hacía un montón de frío y estaba desierta, pero tú eras la ariesina más testaruda que había conocido y te empeñaste en ir a la playa. Me tuviste que prometer mil veces que ibas a abrigarte, y no dejabas de repetir que si no íbamos no ibas a tener fuerzas para salir de la cama y te quedarías allí todo el día. Siempre conseguías lo que querías, con esa carita quién te iba a negar algo. Pero lo habías pasado tan mal que yo no podía evitar estar todo el día muerto de miedo por si el hígado que te habían puesto de forma temporal te volvía a fallar. Y así había sido, días después de nuestro último viaje a la playa volviste a estar mal, y ya no habías salido del hospital,y yo no pude dejar de odiarme por dejar que ese día te cogiera al frío, pero por un rato habías sido tan feliz envuelta en una manta, con tu plumífero y mi cazadora por encima, y la bufanda y el gorro, sólo se veía tu narizita, pero aunque no la viera sabía que por ahí también estaba tu sonrisa. Yo esperaba sentado en la arena, cerca de donde estaba ahora, y tú te habías acercado a hablar con el mar, y después te sentaste a mi lado, apoyando la cabeza en el hueco de mi hombro que tan bien se había amoldado a ti y que tanto te echaba ahora de menos.
Todo se había complicado y tú estabas muy débil, y por mucho que pensara que tu cabezonería haría frente a tu debilidad, los médicos lo habían pintado todo muy negro. "En tres días tenemos que conseguir un hígado compatible" Y estábamos en el tercero, y aunque estabas la primera en las listas el hígado no llegaba. ¿Tenías que tener el grupo sanguíneo del que menos gente había? Hasta en eso eras especial.
Y aquí estaba yo, que había huído del hospital como un cobarde, pero no podía verte así. Llevabas unos días sedada y era como si no fueras tú. No se escuchaba tu risa, ni tu vocecita pidiendo que te contara un cuento, ni salía tu sonrisa al recibir mis mimos. Así que tuve que salir de allí, y vine a verte al mar. Sabía que si te ibas antes pasarías por aquí a despedirte de él.
No sé el tiempo que pasé allí, pero ya era de noche y tenía volver. Aunque no te lo creas sonreí un poco al pensar que me habrías reñido por no haber comido nada en todo el día. Ya sabes que soy un desastre.
Entré en el coche, que estaba congelado porque lo había dejado abierto, y al sentarme vi una lucecita en el móvil. Ni siquiera me había dado cuenta de que lo había dejado allí, no me había ni extrañado de no tener noticias, yo y el mar... Me había aislado completamente de todo. Tenía un montón de llamadas, todas de tu hermana. Seguro que ahora estaba preocupada. Tu hermana mayor que siempre te había cuidado hacía tiempo que también tenía que cargar conmigo, y cuidarme a mi también. Sin ella creo que nunca habría conseguido llegar hasta aquí, yo no soy tan fuerte. Pero también había un mensaje "Vuelve, al salir del quirófano querrá verte" Y entonces conduje otra vez a toda velocidad por la costa, y ahora en compañía de mi sonrisa y con fuerzas renovadas, y con muchas ganas de contarte que el mar te estaba esperando con una gran fiesta de olas para cuando volvieras.

26 ene 2010

Tú y yo nos conocemos

-Tú y yo nos conocemos. Tu historia ya me la sé, me la has contado mil veces. Igual no con tu voz, ni con tu cara, pero siempre es lo mismo, cambiais pequeños matices y ya por eso consideráis que sois únicos, que vuestra historia es la peor y que vuestros actos tienen justificación. ¿Esta vez qué es? ¿Cuál es la excusa? ¿Falta de cariño y ganas de llamar la atención? ¿Crecer antes de tiempo y tener que hacerte cargo de cosas que no te corresponden? ¿Creer que puedes hacer siempre lo que te de la gana? ¿O simplemente fastidiar a los demás? ¿Crees que tu mierda de vida justifica el daño que causas en los demás? ¿De verdad te sientes mejor dejando a esa señora caída en la calle por el tirón que le has dado a su bolso, o dándoles patadas a todas las papeleras y espejos retrovisores que encuentras a tu paso? ¿Con eso qué arreglas? ¿De verdad crees que tienes que hacer cosas como estas para que alguien se fije en ti? ¿Para que alguien como yo dedique un poco de su tiempo a hablarte para intentar convencerte de que la vida es mejor que eso, para que alguien por un momento se preocupe por ti? ¿Y ahora qué? Ya he hecho mi trabajo, te he dado la charlita, en unos minutos puedes irte ¿y qué va a ser lo próximo? ¿Una pelea, un atraco, más destrozos? Volverás aquí, volveremos a hablarte, y volverás otra vez a hacer lo mismo. Porque cuando cruces esa puerta todo va a ser como siempre, nadie te quiere, nadie te dice lo que tienes que hacer, nadie intenta ayudarte, porque tú no les dejas, porque antes de que digan nada ya estás sacando toda tu furia y no les dejas hablar, porque cuando intentan ponerse delante de ti y hablarte te levantas y te vas dando un portazo, porque cuando intentan mostrarte algo de cariño con una caricia o un beso tú reaccionas con un manotazo y no dejas que nadie se te acerque.
No quiero volverte a ver por aquí, quiero que dejes que la gente te quiera, y que se preocupen por ti todos los días. No quiero que vuelvas a necesitar sentarte delante de mi y recibir mi atención apenas diez minutos. Tú te mereces esa atención de forma continua. Depende de ti querer recibirla.

Treinta minutos después a cuatro manzanas de distancia suena el timbre en una casa. La anciana que vive allí al abrir la puerta se encuentra de frente con el joven que horas antes la había dejado tirada en el suelo, y sin darle tiempo a decir nada ve que el chico le entrega su bolso y sale corriendo.
Al día siguiente, en ese barrio de todas las papeleras sale un clavel, y en todos los retrovisores que todavía quedan en pie, hay un lazo color rojo con una inscripción que deja a todos los conductores asombrados y sin entender nada: "A partir de hoy me voy a dejar querer"

18 ene 2010

El regalo mas grande

En el sótano está la primera pista. Eran las palabras que resonaban una y otra vez en tu cabeza mientras volvías a casa. Poco antes me habías dejado en el aeropuerto y yo, ente lágrimas, te había dicho que te había dejado un regalo en tu casa, y que en el sótano tenías la primera pista.
Parece increíble cómo las cosas habían ido bien. No sé, la forma de conocerte, cómo en tan poco tiempo te habías colado en mi cabeza para ya no salir de ella, lo rápido que empecé a sentir algo por ti, cómo me sentía con lo que me decías... Y, por otro lado, la distancia, la edad, el miedo... Pero todo había ido bien. Y ahora, casi un año después, había pasado unas mini-vacaciones maravillosas en tu casa, y lo duro era marcharme.

Al llegar bajaste corriendo al sótano, y encima de las cajas que tenías allí acumuladas viste una nota: "¿Desayunamos?" Y tú enseguida entendiste en dónde estaba escondida la siguiente. Tenías que verte, estabas tan ilusionado como un niño pequeño... Subiste al salón y buscaste un cuaderno en una de las estanterías. Allí tenías escritas un montón de historias preciosas que querías conservar, y entre ellas una de las primeras que me escribiste, en la que todo comenzaba con un desayuno. Al llegar a la historia viste pegado un post-it: "Asómate, y ve el reflejo de la luna" Y entonces cogiste la chaqueta y las llaves y saliste de casa, para ir al estanque que había un poco más arriba, en donde un día la luna desapareció para que vieras reflejado en él mi rostro. Y allí encontraste una cajita pequeña en donde había una foto de los dos y todas las historias que yo te había escrito en todo este tiempo. Además había un pequeño pergamino enrollado en el que ponía: "Y ahora llévame a ver las estrellas contigo, y abrázame fuerte" Así que volviste corriendo a casa sin dejar de preguntarte qué más te había dejado. De la prisa que llevabas hasta se te olvidó cerrar la puerta, y subiste corriendo a la azotea, en donde encontraste una gran sonrisa en el suelo hecha con velas (creo que hubo algo de magia para que siguieran todas encendidas). Y a tí, más que la foto y las historias, lo que más te gustó era que dejara mi sonrisa contigo hasta que volviéramos a vernos para que te hiciera compañía.
Me habría gustado estar allí contigo para abrazarte cuando te vi emocionarte, pero yo ya estaba en el avión de vuelta a casa. Y también para burlarme un poco de ti cuando te escuché decir lo que dijiste: "Vaya"

9 ene 2010

¡Al abordaje!

Cerró los ojos para tratar de parecer dormido. Ese día había tenido que cambiar sus horas de sueño, pero la emoción no le había permitido dormir. Por la mañana, mientras se tomaba su gran tazón de cola-cao con un montón de galletas, su abuelo le había dado la noticia de que esa noche le iba a llevar con él al mar. Carlos sabía que iba a tener que levantarse muy temprano, muchas veces oía a su abuelo salir de casa cuando aún era de noche, pero no le importaba, él siempre había querido que lo llevara con él, y a pocos días de la Navidad su abuelo le había permitido acompañarle.
Había pasado toda la tarde haciéndole mil preguntas a su abuelo, y éste, cada vez más asombrado por la imaginación de su nieto, casi no sabía cómo explicarle que sus compañeros no llevaban parches en el ojo ni botellas de ron; o que el capitán del barco no tenía una pata de palo y un loro en el hombro. Pero a Carlos le encantaban las historias de piratas, y no quería pensar que todo era mucho más sencillo que eso. Él sabía que el viaje que iba a hacer no se le iba a olvidar en toda su vida.
Al llegar las 9:30 fue a acostarse, y con la ayuda de su abuela dejó preparada encima de una silla la ropa que iba a ponerse. "Tendrás que abrigarte mucho- le había dicho su abuelo.- E intenta descansar, que va a ser un día muy duro"
Ahora, cuatro horas después, Carlos no ha dormido ni un solo minuto, la excitación le impide dormir. Después de estar todo el día dejando volar su imaginación se ve junto a su abuelo, vestidos de piratas, y abordando barcos en busca de tesoros. (Carlos nunca lo sabrá, pero lo buen escritor que será dentro de unos años tiene su base en todo lo que imaginó y vivió en su infancia) Cada vez que oye a su abuela pasar por delante de su habitación cierra los ojos, para hacerse el dormido, porque sabe que dentro de pocas horas tiene que levantarse y su abuelo le ha dicho que tiene que descansar. Poco a poco se va quedando dormido, ya le queda poco tiempo para descansar. En un par de horitas se levantará su abuelo y colocará todas las cosas que tienen que llevar, después le despertará a él, le ayudará a vestirse mientras se despierta del todo, y saldrán de casa. Camino al puerto se detendrán en la taberna, en la que se mezcla el olor a tabaco y el alcohol de los trasnochadores con el café de los que madrugan y comienzan el día; y media hora después estarán llegando al barco de su abuelo, donde estará el capitán para recibirlo y hacerle sentir, por un día, como el pirata que ha sido en sus sueños.

30 dic 2009

Elroy Workman

Atended: Elroy Workman es una persona fuera de lo común. No hay nada en él que a primera vista haga suponer esto, pero si le conoces bien podrás observar cómo es capaz de ver siempre más allá. Sólo él es capaz de descubrir todo lo que hay dentro de los demás. Donde tú sólo ves a una pareja en una terraza tomando un café, él es capaz de ver que lo que ahora es amor no siempre ha sido así y, si se fija bien, incluso puede explicarte con todo detalle todas las adversidades por las que esa pareja ha tenido que pasar. Podrá contarte que hasta hace poco los gestos de amor que ahora ves no podían manifestarlos en público porque el de la chaqueta marrón, el que está de espaldas, hasta hace poco paseaba con su mujer y su niña pequeña ocultando sus verdaderos sentimientos y sufriendo cada día por no poder ser feliz. También podrá decirte que David, su actual pareja y al que ahora ves sin dejar de prestarle atención, lleva tres meses con el amor de su vida y sin halarse con sus padres por estar enamorado de ese hombre.
También podrá contarte que el señor que pasea con su nieto de la mano ha sufrido un montón a lo largo de su vida. Que durante muchos años fue alcohólico, y que lo superó gracias a su mujer, que desde hace un par de años esta en una residencia porque tiene alzheimer y él no puede ocuparse de ella porque tiene que ocuparse de su nieto que perdió a sus padres y a su hermana en un accidente de tráfico hace seis meses. Pero también te dirá que a pesar de todo su sonrisa no es falsa, que con los años y todo lo vivido ha aprendido a apreciar las cosas buenas de la vida, y que sonríe porque estar con su nieto a todas horas es una bendición.
Después de analizar a todas las personas que os rodean lo intentará contigo. No le gusta hacerlo porque le parece una indiscreción, pero no puede evitarlo. Y tú lo sabes pero te da igual porque sabes que lo único que puede ver es lo contento que estás de haberle conocido. Y eso es lo más importante, todo lo demás que pueda ver te da igual.

30 oct 2009

A veces te extraño tanto que no me queda más remedio que volver a escribirte

-Dame cuatro motivos para continuar que de los cuatrocientos que tenía yo ya no me queda ninguno. Con cuatro me vale.
-Muy bien. Empecemos... El primero es el más obvio, pero para ti creo que es el menos importante: porque él es la persona que más has querido en tu vida. Porque desde el primer día que le viste sabías que había algo especial en él, algo que iba a gustarte. Porque te pasaste un montón de tiempo pensando cómo podrías conocerle, y cada vez te inventabas una historia más disparatada, y tus ojos no paraban de brillar todas las veces que le conociste en tu cabeza. Porque llegó el día que le conociste, y desde el primer momento no paraste de repetir que tenías razón, que él era maravilloso. Y porque a medida que le ibas conociendo le ibas queriendo cada día más.
-Ya, pero es que con quererle ya no basta.
-El segundo motivo es tu forma de ser. Te conozco desde hace mucho tiempo, y si tuviera que describirte diría que eres una persona alegre, pero estaría mintiendo porque ahora ya no lo eres. Tú nos enseñaste a todos lo que era ser feliz, lo que era tener la sonrisa tatuada en la cara constantemente, lo que era estar siempre de buen humor. Cuando estabas bien con él eras alegría andante, eras ganas de vvir. Es como si desde que estáis así estuvieras apagada, ahora parece que haces esfuerzos por estar bien. A ratos te olvidas, y eres tú otra vez, pero otras veces es como si estuvieras por estar, te ríes pero no se te ilumina la cara.
-Ya, siempre lo digo, él me hacía sentirme bien, me hacía pensar que todo estaba bien. Daba igual lo malo mientras él estuviera cerca para escucharme, para abrazarme... Este ha sido un buen motivo, él me hacía feliz. Era mi persona, era mi mejor amigo.
-¿Ya estás convencida?
-No, sigue. Que yo le necesite para estar bien no es suficiente. No puedo estar siempre detrás de él para poder ser feliz.
-Porque te encanta su voz, y te encanta escucharle. Porque si tienes que vivir sin saber que es de él te morirías de pena. Porque te encantaría que te contase sus problemas para poder ayudarle y porque te encantaría que te contase sus alegrías para poder escuchar de nuevo su risa. Porque le conoces tan bien que sabes qué mirada acompaña a cada tono de voz, o a cada expresión, o a cada carcajada. Y porque tú también tienes una sonrisa preparada para cada una de sus frases
-Pero es que no vale que yo quiera escucharle si él no quiere hablarme.
-No te preocupes que para eso tengo el cuarto motivo, y no tiene nada que ver contigo. Mi cuarto motivo es que los tres anteriores, y todos los que faltan hasta llegar a tus cuatrocientos, también se los puedes aplicar a él. Tú también eras su amiga, él también estaba contento cuando estaba contigo, a él también le gustaba escucharte, y ayudarte en tus problemas o reírse contigo, a él también le caíste bien, y le gustaba cómo eras, él también te quiso muchísimo... Tú piensas que no vas a tener nunca un amigo como él, y probablemente será así, pero lo cierto es que él tampoco va a volver a tener nunca una amiga como tú. Y por eso tienes que continuar, y él también.
-¿Y si él no piensa así? ¿Y si no quiere?
-Sí que quiere.

4 oct 2009

El médico

Después de dos meses cuidando de mi hermana podía afirmar, sin ninguna duda, que él era el médico más atractivo del hospital. Desde el accidente en el que mi hermana había quedado en coma durante casi mes y medio yo había dejado a un lado mi vida para estar todo el día a su lado esperando a que se despertara, y observarle a él había sido mi única distracción durante todo ese tiempo. Ahora sabía que por las mañanas no estaba de muy buen humor, y que sólo a partir del tercer café las enfermeras empezaban a dirigirse a él sin miedo a recibir una mala contestación; que los lunes, martes y jueves salía puntual para ir al gimnasio y que el resto de los días no le importaba terminar su turno más tarde; y que cada vez que estaba ante un caso complicado o tenía que dar malas noticias a los familiares de algún paciente tenía la manía de recorrer el pasillo varias veces tirando y recogiendo una pequeña pelota saltarina hasta reunir el valor suficiente para enfrentarse a las dificultades.
Estuve observándole durante mes y medio y no escuché el sonido de su voz hasta que mi hermana despertó y él se hizo cargo de ella. Entonces supe más cosas como que pasaba dos fines de semana al mes con sus hijas. Con Laura, que tenía dieciséis años y se estaba convirtiendo en una mujercita tan insoportable como su madre; y con Julia, que a sus diez años recién cumplidos era la personita más adorable del mundo. También supe que llevaba cuatro años divorciado, cosa que me alegró bastante, no puedo negarlo; y que su comida preferida y su gran especialidad eran los espaguettis. Durante estas dos semanas e ido sabiendo muchas más cosas de él, y no ha habido ninguna que no me haya gustado. Me gusta su forma de colocarse el pelo mientras se ve reflejado en las ventanas, me gusta que su segundo café de la mañana lo tome conmigo después de su visita rutinaria a mi hermana, me gusta que ahora va media hora más tarde al gimnasio para despedirse de mi antes de marcharse, me gusta lo que dice sobre la recuperación de mi hermana, y me gusta que diga que cuando le de el alta quiere seguir viéndome. Me gusta cómo me mira después de decirme que este fin de semana está libre y que me invita a cenar mientras espera mi respuesta, me gusta mirar su espalda mientras acaba de preparar la cena (espaguettis, claro) y me gusta celebrar con él que mi hermana ya está bien. Pero lo mejor de todo, lo que más me gusta, es saber que aún me quedan un montón de cosas buenas por descubrir en él.

19 jul 2009

Cuentacuentos

"Cada vez huye más de los vivos, cada vez habla más con los muertos"

Cada vez fuxe máis dos vivos,
cada vez fala máis cos mortos;
dende a túa partida ten o amor ferido,
e ninguén lle procura consolo.

Ten morriña de ti, tristeza infinita,
cada día recorda os teus contos;
xa non poderán animala,
as vágoas colman os seus ollos.

Cada vez fuxe máis dos vivos,
cada vez fala máis cos mortos;
día tras día berra, furiosa,
pero xa ninguén a escoita.


[Cada vez huye más de los vivos,
cada vez habla más con los muertos;
desde tu partida tiene el amor herido
y nadie puede consolarla.

Tiene "morriña" de ti, tristeza infinita,
cada día recuerda tus cuentos;
ya no podrán animarla,
las lágrimas colman sus ojos.

Cada vez huye más de los vivos,
cada vez habla más con los muertos;
día tras día grita, furiosa,
pero ya nadie la escucha.]

10 may 2009

Mi terapia siempre serás tú

No se cómo llegó, pero tu nombre estaba ahí, dando vueltas en mi cabeza.Ya llevábamos diez días de lo que habíamos acordado llamar "terapia", y de repente vi la solución. Desde el primer momento nos dijeron que ellos no podían ayudarnos más que a saber mirar dentro de nosotros, a descubrir por qué habíamos decidido tomar ese camino en vez de volver a casa y dar todo por concluido.Para algunos la razón era algo que les había pasado, para otros no volver a su vida, para otros un futuro lejos de aquí... Para mi eras tú, porque tú eras mi persona. Y yo sola no me habría dado cuenta de esto nunca. Para ello necesité venir aquí, y dormir en una celda completamente blanca y solamente con un colchón en el suelo y un montón de folios en los que teníamos que recoger todos nuestros pensamientos. En esa época de mi vida yo ya no pensaba, nada me importaba, había visto demasiadas cosas horribles, y mis hojas estaban llenas de dibujos. También había necesitado de esas personas que pasaban por los pasillos y nos llevaban a las clases. Personas también vestidas completamente de blanco de las que sólo veíamos sus ojos. Pero, sobre todo, había necesitado escuchar las historias de mis compañeros. Luis había venido porque no quería volver a su casa, o más bien a los escombros que quedaron de su casa después de que la incendiara; Marta quería irse lejos, pero aun no estaba preparada para no volver a ver a su hija; Julia quería ser artista, pero había elegido el mal camino, y ahora había perdido la ilusión por la vida; Carlos llevaba meses sin poder dormir, y veía peligro por todas partes... Y yo no sabía por qué no había vuelto a casa y seguía aquí. En un búnquer aislado en un país totalmente destrozado y desierto. Y sedada e incomunicada la mayor parte del día. Hasta que al final tu nombre volvió a mi cabeza, y comprendí que no quería volver por miedo a que tu me hubieras sacado completamente de tu vida. Y porque no tenía fuerzas de volver a aparecer hasta estar mejor, y poder hablar contigo, y salir a dar un paseo, sin tener que mirar a todas partes a ver si nos perseguían. Porque tú eso no lo soportarías.

20 abr 2009

Y ahora vamos a limpiar tus heridas

- Quizá sea tarde, pero aún tengo la pistola en el bolsillo -dijo Marcos mirando al suelo esperando que su amiga no estuviera enfadada por su retraso.
Susana no contestó. Levantó la camiseta de su amigo y vio todos los moratones y arañazos que tenía en la espalda. Aguantándose las lágrimas cogió la bolsa de globos de agua del segundo cajón de la mesa, apretó fuerte la mano de su amigo, y se lo llevó al jardín.

31 mar 2009

Y todo va a ir bien. Contigo

"Cuando ya no supiéramos de qué hablar, nos acurrucaríamos en un rincón a dormir abrazados", y todo iría siempre bien, porque siempre estaríamos juntos. Tú me acariciarías el pelo mientras pensamos en qué contarnos, porque ya lo sabemos todo el uno del otro. Y entonces yo me inventaría que desde la ventana de la sala de café de la segunda planta del edificio donde limpio se puede ver el mar, y que si abres las ventanas y aspiras fuerte incluso huele a playa. Y después planearíamos que el próximo fin de semana iremos a dar un paseo por la orilla del mar. Y así, imaginando días felices, seríamos capaces de pasar otro día más. Y tu preocupación porque no encuentras trabajo se pasaría cada vez que yo te abrazara, y mi cansancio y mis manos secas por estar todo el día limpiando se pasarán con tu sonrisa. Y cuando ya no supiéramos cómo alegrarnos el uno al otro solamente tendríamos que mirarnos, y pensar en todo lo que hemos pasado, y en todo lo que queremos hacer cuando nos vaya mejor. Y por las noches te acostarías a mi lado, y me pedirías que te leyera en alto algún trozo del libro que esté leyendo en ese momento mientras apoyas la cabeza sobre mi barriga, olvidándote por un momento que lo que está allí es un problema más. Y mientras me retiras el pijama y me besas la tripa hablas de que seguro que es niño, y que todos los domingos te levantarás tú cuando llore y me traerás el desayuno a la cama. Y entonces te ríes, y piensas que mañana seguro que encuentras trabajo. Y dices que dentro de poco podré dejar de trabajar hasta tan tarde y tendremos más tiempo para los dos. Y tendremos más cosas bonitas y alegres de las que hablar, sin tener que imaginarlas. Y me dices que dentro de un tiempo no tendré que seguir fregando oficinas y podré acabar la tesis a la que tanto tiempo he dedicado, y que veré el mar desde la ventana de la habitación de la casa que nos encantaría tener, con el niño que ya viene de camino, y contigo. Sobre todo contigo.

22 mar 2009

El invierno te trae a mi

"El invierno trae el gris de un cielo húmedo y una ciudad hastiada". Y, sin embargo, tú eras capaz de iluminarlo todo con tu mirada y hacer que sea mi época preferida del año. Sobre todo, porque me habla de ti y me trae tus recuerdos. Me trae tu olor cuando salías de la ducha; me trae tu voz y la mantiene a mi lado mientras pasan los días; me trae la negrura de tu pelo, y las caricias de tu barba; me trae tu sonrisa y me hace poner buena cara a la lluvia; y tus abrazos, que me ayudan a soportar el frío; me trae tu atención, que acompaña a cada uno de mis movimientos; y tu calma, que hace que todos los problemas desaparezcan; me trae tus manos en los bolsillos traseros de mi pantalón, para sentirte cerca y no tener miedo a nada; me trae el hueco de tu cuello, para poder acomodarme en él y respirar de ti cada vez que me haga falta; me trae tu mirada, cálida, cómplice, sincera, para darme tranquilidad y hacerme sentir bien; y me trae tu cuerpo, que me proporciona un montón de calor.
El invierno es la época del año que más me duele, porque siempre te trae a mi. Y porque para mi, el gris del cielo sólo cesa cuando me acompaña tu sonrisa.