25 mar. 2010

La llave de Armaria

Rebuscando entre los papeles encontraron una llave de lo más extraño. Parecía antigua y como ninguno de ellos sabía qué abriría la volvieron a dejar encima de la mesa entre las demás cosas. Estaba todo revuelto, si el abuelo viera cómo estaban dejando todo se habría puesto a gritarles como un loco. Él siempre lo tenía todo bien ordenado. Nadie le dio importancia a la llave, supusieron que abriría una de las muchas cajas que guardaba el abuelo con sus papeles y sus cosas. Nadie excepto Carolina.
Carolina tenía nueve años, y nadie parecía prestarle atención. Estaban todos muy ocupados desordenando las cosas de su abuelo buscando dios sabe qué. Le habían dicho que el abuelo se había ido, que ya no volvería a verle, pero no le habían dado más explicaciones. A nadie le importaba si ella lo entendía, todos estaban preocupados con otras cosas. Si se hubieran parado a explicarle algo, a hablar con ella, ella les habría dicho para qué servía esa llave. Era una llave muy importante, pero esto sólo lo sabía ella. Así que sin que se enteraran la cogió y se la guardó en el bolsillo.Tenía que esperar el momento adecuado para poder usarla, el abuelo siempre lo hacía, cuando no le prestaban atención se marchaba con su llave y la utilizaba.
El abuelo de Carolina escribía cuentos. Llevaba toda la vida haciéndolo. Escribía muchos y todos muy buenos. Tenía a todos los editores y críticos literarios impresionados. Todo el mundo se preguntaba de dónde venía su inspiración, y la clave era aquella llave. Esa llave abría una puerta oculta escondida en el sótano de su casa. Había que mover un poco el armario, detrás había un panel que si lo empujabas cedía y después había una puerta. Al abrirla entrabas en Armaria, el mundo donde se desarrollaban todos los cuentos del abuelo. Carolina era la única que sabía que el abuelo no tenía tanta imaginación, que lo único que hacía era narrar lo que pasaba en Armaria. Ella le había acompañado una vez, poco antes de que su abuelo se fuera. Y había prometido guardar su secreto. Su abuelo le había dejado a ella su mejor herencia.

14 mar. 2010

Los hombres de mi vida

Pablo fue el primer hombre de mi vida, teniendo en cuenta el significado que eso tiene a los once años. Pero yo lo cuento igual porque me duró hasta los quince, y porque era mi amigo. A Pablo le conocía desde siempre, y le veía en verano cuando las vacaciones eran tan maravillosas que duraban tres meses. Sus padres eran amigos de los padres de mi amiga y estábamos todo el día juntos. Tenía el pelo negro, rizado y era un poco más bajito que yo. Pablo estuvo en mi cabeza de los once a los quince años, y el curso se hacía eterno hasta llegar el verano. Nos poníamos al lado en la playa, nos bañábamos juntos, él salía a su ventana y yo a mi balcón para saludarnos, dábamos paseos en bici y compraba siempre las pipas que me gustaban a mí para compartirlas conmigo. Éramos pequeños, pero con él decidí que nunca me volvería a gustar mi mejor amigo porque no quería perder a ningún otro.

Después vino Adrián, y este sí que fue de verdad. A Adrián le quise de una forma que hasta dolía. Llamó mi atención su altura, siempre destacaba por encima de los demás, su forma de caminar, la tranquilidad que desprendía. Me enamoré de su sonrisa, de la forma en que me miraba, de sus manos enlazadas en las mías, de las ganas de levantarme cada mañana para verle, de su voz, de su aspecto macarra cuando era todo lo contrario, de la forma en que hacía temblar mi cuerpo, de sus abrazos, de sus labios, de su atención. Le quise mucho más tiempo del que estuvo porque para mí era imposible no quererle. Con él decidí que no quería volver a enamorarme de esa manera nunca más.

Y por último llegó Carlos. Carlos era magia. En muchas cosas era como yo, y además era la persona más buena que había conocido en mi vida. Llegó de una forma que nunca me habría imaginado, y aunque fuera raro, lo natural para mí era quererle. Era como si ya le quisiera antes de que apareciera y cambió todo lo que yo pensaba hasta ese momento. Cuando llegó ya me tenía ganada. Carlos me hacía feliz cada vez que aparecía, y cuando no estaba me hacía morirme de miedo. Llegó con agobios y miedos, y de él me encantaba su ternura, las ganas que tenía siempre de sacarme una sonrisa, todo lo que decía, las veces que se olvidaba de todo y quería besarme, sus caricias, lo especial que me hacía sentir. Él hizo que yo tuviera ganas otra vez de luchar por alguien, de hacer que fuera posible lo que para él era casi imposible, pero mis ganas no fueron suficiente y él se quedó para siempre aquella caja con un beso que era para mí. Con él aprendí que por mucho que me proteja hay algunas personas que pueden saltarse todas tus barreras y hacer que lo inevitable sea que les quieras.

11 mar. 2010

3 mar. 2010

El chico del paraguas


Él es de esos chicos que piensan que no llaman la atención de nadie, de los que ya lo dan todo por perdido y de los que no miran a las chicas con las que se cruzan a los ojos para no verse desde los ojos de nadie. Es de los que siente, pero se lo quiere guardar todo para él por miedo a sufrir, a ser rechazado, a hacerle daño a alguien. Es de los que pasa por la vida sin darse cuenta de lo importante que es arriesgarse y dejarse llevar, de lo importante que es dejarse ser feliz. Es de los que se fija mucho en los pequeños detalles, y le da importancia a cosas que el resto de la gente puede pasar por alto. Es de los que colecciona imágenes que le transmiten cosas, de los que hace magia con las palabras, de los que tiene un montón de cosas en la cabeza mientras hace que sigue con su vida, como si no tuviera más inquietudes. Es de los que tiene miedo a darse a conocer, de los que se encierra en sí mismo. Él es de ese tipo de chicos a los que un día de lluvia se les da la vuelta el paraguas y tiene las manos ocupadas y se empapa sin poder ponerlo al derecho.

Ella es de esas chicas que no tiene miedo a nada, que ha aprendido a estar segura de sí misma, y que quiere ser feliz. Ella también le da mucha importancia a los pequeños detalles. Es de las que no sólo ve imágenes, sino que les busca significado, es de las que entiende la magia de las palabras. Ella es de las chicas que se fija en chicos como él, porque al cruzarse con ellos se ríe, y consigue que le miren a los ojos cuando se cruzan con ella y así puede descubrir todo lo que esos chicos tienen dentro y quieren ocultar. Es de las que tiene muchos pequeños detalles que no todo el mundo sabe apreciar. Ella es del tipo de chicas que se pararía al lado de esos chicos para taparle con su paraguas y sujetarle los papeles hasta que él pudiera poner al derecho el suyo. Pero él no sabe que ella es del tipo de chicas que puede ver a través de su mirada, y se hace valiente y comete el error de mirarle a los ojos para darle las gracias sin contar con encontrarse con su gran sonrisa. Y ella, que con solo una mirada ya sabe ante qué clase de chico está, sonríe todavía más y le invita a un café, porque ella es de esa clase de chicas que reconoce al amor de su vida en un instante.