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1 nov 2010

Cosas de la vida



El 29 de octubre cumplo veintiocho años y podría decirse que no le tengo miedo a la muerte porque ya he vivido y sentido más que mucha gente en toda su vida. Sin embargo, aquí estoy haciendo una lista con las cosas vividas y las que si supero esta enfermedad me esperan, y creo que vale la pena luchar.

He tenido una infancia más que buena, recuerdo pasar los fines de semana jugando sin parar con mis primos en el parque de enfrente de casa, y las reuniones familiares en casa de mis abuelos, los veranos interminables a pie de playa y las clases rodeada de amigas. Para mí nunca fue un esfuerzo ir al colegio, era un lugar en el que me lo pasaba genial. Siempre buenas notas, siempre sin complicaciones. He reído más que nadie y he aprendido a enfrentarme a los malos momentos de la mejor manera posible. He salido, he bailado y he disfrutado alargando los días buenos hasta hacerlos eternos. He pisado la playa millones de veces, y siempre puedo recordar la tranquilidad que da el mar como si estuviera en él. He corrido, patinado, andado en bici, saltado, nadado, buceado, escalado árboles, y me he hecho más heridas que nadie, pero siempre he logrado mi objetivo. He comido millones de helados y he repetido hasta hartarme mis comidas preferidas. Me he atiborrado a chocolate las veces que he querido, y me he arrepentido después otras tantas.

He ido de compras, me he comprado cosas que sólo he utilizado un par de veces y otras que no he querido tirar hasta que no me ha quedado más remedio. He crecido, he engordado, he adelgazado, me he cortado el pelo de distintas maneras, me he puesto flequillo, me lo he quitado, me he dejado el pelo largo y me lo he cortado, me lo he teñido, me he puesto reflejos, me he enfadado con la peluquera, y hasta me lo he cortado yo misma.

He ganado un mundial de baloncesto, he visto al Obra en la ACB y le estoy viendo luchar por volver a ella. He entrenado con todas mis ganas y he disfrutado cada entrenamiento y cada partido. He ganado y he perdido muchas veces, y he amado el baloncesto más que nadie.

He leído muchísimos libros y he intentado escribir algo decente muchas veces. He entrado en muchaslibrerías y siempre he salido cargada de libros.

He amado el baloncesto, los libros y a alguien de una forma que pensaba que no podría volver a amar a nadie más, y me he equivocado. Y he llorado y lo he pasado mal, y lo he superado, y el olvido se posó sobre los recuerdos y éstos dejaron de doler. Y he vuelto a querer, y me he vuelto un poco loca y he querido como antes a alguien a quien no he visto, y he vivido una historia de película, y sigo en busca de mi final feliz.

He vivido y sentido las cosas tan intensamente que siempre he creído que siento más que el resto de la gente. Y ahora sé que tengo que seguir adelante porque me quedan muchas cosas por vivir: tengo que conocerle, tengo todavía muchas historias que devorar, muchos nervios ante el televisor esperando que el tiro entre, tengo que probar muchas clases de bombones y comer tortilla de patata miles de veces más, tengo muchos sitios a los que ir, tengo que descubrir todavía muchas formas de amar y volver a querer hasta el límite, tengo que curar muchas heridas y enseñar a mis futuros hijos a andar en bicicleta. Todavía tengo que reír muchísimo más.

24 jul 2010

Al alba



Achegácheste á miña soidade
tan incriblemente exacta
que foi como se de tanto soñarte
eu mesmo te creara.

Batía o amor nos pulsos do aire,
e nas polas do sangue
era a vida enteira
que tamén rebentaba,
que de novo florecía
como nunca florecera,
como nunca rebentara.
Era nos pulsos do meu sangue
onde o teu amor pulsaba.

Páramos da soidade miña
a onde en amor chegaras
como se de tanto soñarte
eu mesmo te creara.

23 jun 2010

San Juan


"La Noche de San Juan es una festividad muy antigua en la que se celebra la llegada del solsticio de verano en el hemisferio norte cuyo rito principal consiste en encender una hoguera. La finalidad de este rito era dar más fuerza al sol, que a partir de esos días, iba haciéndose más débil pues los días se van haciendo más cortos hasta el solsticio de invierno. Simbólicamente el fuego también tiene una función "purificadora" en las personas que lo contemplaban. Esta fiesta se celebra en muchos puntos de Europa..."
Darío era profesor de instituto y hace apenas unas horas había dado ese discurso a su clase. Su intención eraque esos chicos que sólo pensaban en el botellón que iban a hacer unas horas después en la playa contemplando las hogueras supieran la historia de esa fiesta. Eran cerca de las doce de la noche y caminaba sorteando los grupos de jóvenes que ya llevaban horas de fiesta en la playa deseando no encontrarse con sus alumnos. Quedaban sólo unos minutos y la gente ya se acecaba al lugar donde iban a encender la hoguera. No sabía muy bien por qué estaba allí, no le gustaban demasiado las aglomeraciones de gente y mucho menos las fiestas, pero esa noche algo le decía que tenía que salir de casa y ver el espectáculo que organizaban en la playa.

Ángela acababa de llegar a la ciudad. Había terminado la carrera unos días antes y había conseguido unas prácticas en un bufete importante sin apenas tener tiempo a celebrarlo. Dicho así el motivo de su estancia en aquélla playa parecía positivo, pero en realidad también se había marchado lo más lejos que había podido de su ciudad huyendo de una vida en la que ya no estaba cómoda y de una relación que se había terminado. Llevaba una bolsa llena de papeles, ella y sus amigas quemaban siempre el día de San Juan los apuntes de las asignaturas que habían aprobado durante el curso,y también había algunas fotos rotas en mil pedazos.
Era el primer San Juan que celebraba fuera de su casa. Todos los anteriores los había pasado en casa de sus tíos. Siempre se juntaban un montón de personas porque además de la familia todo el mundo llevaba a sus amigos. Eran noches llenas de risas que siempre quedarían en su recuerdo. Siempre encendían la "cacharela" y se ponían todos a su alrededor mientras asaban sardinas y cachelos, y cuando las llamas menguaban la saltaban todos tres veces porque daba suerte, ésa era la tradición. Decían que esa noche mágica se comunican el mundo del más allá con el de más acá y es el momento de espantar a los malos espíritus "En San Xoán meigas e bruxas fuxirán" Y éso era lo que ella quería esta noche: huír, dejar atrás todo y empezar una nueva vida.

La hoguera ya llevaba un rato encendida y Darío estaba empezando a agobiarse rodeado de tanta gente. Se dio la vuelta y empezó a hacerse sitio para alejarse, tan cerca hacía demasiado calor. Había trocitos de papel volando por todos los lados y uno le rozo la cara al caer. Al cogerlo vio el rostro de una joven y pensó que nunca había visto nada tan bello. Se alegró de que esa cara se hubiera librado de la quema y se puso a buscarla entre la gente sin saber si alguien la habría tirado allí o habría sido ella misma. Y entonces comprendió por qué había salido esa noche de casa, porque la noche de San Juan es una noche mágica.

24 may 2010

Si algo sale mal Desmond Hume es mi constante


"La mayoría pensamos que lo hecho, hecho está, que no podemos cambiar nuestro destino por mucho que nos esforcemos, y que aquéllos que desafían a su destino siempre acaban decepcionados pues el destino posee el modo de trazar su propio rumbo. Sin embargo, antes de rendirnos al destino debemos tener en cuenta el poder del espíritu humano y la fuerza que entraña nuestro libre albedrío"

15 abr 2010

Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo


Anoche soñé contigo, lo hago más veces de las que quisiera. No es que no me gusten los sueños, es que después la pena me dura todo el día, hasta que vuelvo a dormirme y apareces de nuevo. Los despertares son la peor parte del día. Abrir los ojos y ver que no estás ni a mi lado ni de ninguna otra manera. Me gustan las noches porque te traen a mi. Traen tu risa, tus payasadas, tus caricias. Pero al abrir los ojos desapareces, y se va tu olor, el sonido de tu respiración, tu sonrisa.
Estábamos en Laredo pero era invierno y hacía frío. Tú te despertabas primero y a mi me despertaban tus caricias en mi espalda. Qué despertar tan distinto al que he tenido hoy. Me hablabas, bajito, mientras me acariciabas el pelo y me atraías hacia ti. Después nos levantábamos, nos poníamos los pijamas que por las noches no necesitábamos, nos preparábamos un cafe calentito y desayunábamos en la terraza mirando al mar mientras nos acurrucábamos bajo una manta, bien juntitos. Y de repente estábamos en la playa, casi vacía. Yo estaba sentada en la arena con un block y unos carboncillos en la mano, dibujándote, y tú a la orilla del mar sacando fotos. Luego venías a mi lado, me dabas un beso en la cara y mirábamos tus fotos. Qué dulce eras. Yo tenía la nariz congelada, y la pasaba por tu mejilla mientras tú me abrazabas para que entrara en calor.
Puede parecerte un sueño nada especial, pero para mí cada segundo lo era. Y me despierto y ni siquiera sé cómo dibujarte, y ahora es de noche, y no me quiero dormir porque no quiero despertarme y volver a perderte.


14 mar 2010

Los hombres de mi vida

Pablo fue el primer hombre de mi vida, teniendo en cuenta el significado que eso tiene a los once años. Pero yo lo cuento igual porque me duró hasta los quince, y porque era mi amigo. A Pablo le conocía desde siempre, y le veía en verano cuando las vacaciones eran tan maravillosas que duraban tres meses. Sus padres eran amigos de los padres de mi amiga y estábamos todo el día juntos. Tenía el pelo negro, rizado y era un poco más bajito que yo. Pablo estuvo en mi cabeza de los once a los quince años, y el curso se hacía eterno hasta llegar el verano. Nos poníamos al lado en la playa, nos bañábamos juntos, él salía a su ventana y yo a mi balcón para saludarnos, dábamos paseos en bici y compraba siempre las pipas que me gustaban a mí para compartirlas conmigo. Éramos pequeños, pero con él decidí que nunca me volvería a gustar mi mejor amigo porque no quería perder a ningún otro.

Después vino Adrián, y este sí que fue de verdad. A Adrián le quise de una forma que hasta dolía. Llamó mi atención su altura, siempre destacaba por encima de los demás, su forma de caminar, la tranquilidad que desprendía. Me enamoré de su sonrisa, de la forma en que me miraba, de sus manos enlazadas en las mías, de las ganas de levantarme cada mañana para verle, de su voz, de su aspecto macarra cuando era todo lo contrario, de la forma en que hacía temblar mi cuerpo, de sus abrazos, de sus labios, de su atención. Le quise mucho más tiempo del que estuvo porque para mí era imposible no quererle. Con él decidí que no quería volver a enamorarme de esa manera nunca más.

Y por último llegó Carlos. Carlos era magia. En muchas cosas era como yo, y además era la persona más buena que había conocido en mi vida. Llegó de una forma que nunca me habría imaginado, y aunque fuera raro, lo natural para mí era quererle. Era como si ya le quisiera antes de que apareciera y cambió todo lo que yo pensaba hasta ese momento. Cuando llegó ya me tenía ganada. Carlos me hacía feliz cada vez que aparecía, y cuando no estaba me hacía morirme de miedo. Llegó con agobios y miedos, y de él me encantaba su ternura, las ganas que tenía siempre de sacarme una sonrisa, todo lo que decía, las veces que se olvidaba de todo y quería besarme, sus caricias, lo especial que me hacía sentir. Él hizo que yo tuviera ganas otra vez de luchar por alguien, de hacer que fuera posible lo que para él era casi imposible, pero mis ganas no fueron suficiente y él se quedó para siempre aquella caja con un beso que era para mí. Con él aprendí que por mucho que me proteja hay algunas personas que pueden saltarse todas tus barreras y hacer que lo inevitable sea que les quieras.

6 nov 2009

Yo

Yo sólo quería que me conocieras y que supieras que lo que más me gusta en el mundo es escrbir. Antes sólo sabía hacerlo cuando estaba triste. Ahora ya he aprendido a escribir cuando las cosas van bien. Lo que más me gustaría es hacerlo bien, y ser escritora, y escribir un montón de libros, y saber qué piensa la gente cuando lee lo que escribo. Poder entetenerles, hacer que se enamoren de mis personajes, y q me lean por el simple placer de saber qué es lo que cuento.
También debes de saber que me encantan los helados, y que después de un helado siempre me apetece comer algo salado. Me encanta el chocolate, pero no puedo ni ver el chocolate a la taza, y que cuando me aburro me gusta cocinar aunque lo hago pocas veces. Me gusta mucho la tortilla de patata, y la pasta hecha de cualquier manera. Y casi siempre ceno ensaladas.
Por las noches siempre tengo miedo y a veces tengo que encender la luz cada dos segundos hasta que me relajo. Y no me duermo nunca sin darle las buenas noches en voz alta. A veces he intentado corregir eso, pero de momento no puedo, me sale solo. Por las noches soy muy friolera, pero me gusta dormir con pijama de verano y un edredón bien gordo para abrigarme. A veces saco un brazo fuera, para sentir el frío. Y si la cama está pegada a la pared me pido el lado de dentro.
Me gusta conducir. Con la música alta y cantando a voz en grito. También me gusta correr pero sólo lo hago si voy sola. Siempre me quito abrigos y chaquetas cuando conduzco, dejo el móvil y las llaves de casa a mano y abro un poquito la ventanilla.
Me gustan las canciones tristes y los libros o películas en las que hay un niño y una niña mejores amigos que tienen que separarse por cualquier motico me parten el corazón. Todos los días veo la tele desde la cama, y antes de ponerme a dormir leo. Siempre. También cuando salgo por la noche y llego a casa a las tantas.
Lo primero que hago cada día al despertarme es encender el ordenador y me voy a desayunar mientras se enciende. Después miro el correo y todas las cosas que sigo. Siempre las mismas. Después pongo música, hago la cama y me voy a la ducha. Y después a estudiar.
Yo creo que no soy mala persona, pero también te digo que quiero a muy pocas personas, el resto de la gente me es indiferente. Pero a las personas a las que quiero las quiero a morir. Y para siempre, da igual lo que pase. Pocas veces me enfado, pero cuando lo hago lo hago de verdad, y es muy difícil que perdone cuando llego a mi límite, cuando me hacen mucho daño. Sólo he perdonado algo que me ha dolido mucho una vez, y porque él era mi persona preferida. No creo que vuelva a hacerlo con nadie más. A pesar de todo esto no soy rencorosa, es solo que si pierdo la confianza en alguien no puedo volver a recuperarla. Pero no te preocupes, para llegar a este punto tienes que hacerme algo muy grave.
Me gusta mucho la gente sencilla, normal. Y odio que la gente quiera aparentar lo que no es, o que luzca demasiado lo que tiene. Me parece penoso. Pero lo que me parece más penoso de todo es la gente que se cree superior a los demás, eso no lo soporto. Y lo peor de todo es que no se dan cuenta de que la mayoría de las veces no tienen ninguna razónm. Yo lo sé, porque las personas más encantadoras que conozco son todo lo contrario, y porque a todos estos les dan cien mil vueltas. Y lo que más me gusta son las personas que hacen cosas importantes y las cuentan como si fuera lo más normal del mundo. En ese caso me alegro mucho de lo que han conseguido, y de conocerles. La gente así da gusto.
Nunca me pongo enferma pero la cabeza me duele bastante a menudo. Y las pocas veces que estoy mal no suelo quejarme demasiado. Eso lo aprendí jugando al baloncesto cuando me lesionaba y aunque me doliera un montón ponía buena cara y reía en vez de llorar. Mi entenador me enseñó muchas cosas, en parte por eso ahora soy como soy. Por él gané la confianza que ahora tengo en mi. Cuando íbamos perdiendo de 1 y pedía tiempo muerto y hacía una jugada para mí, o cuando nos acribillaban a faltas y me decía que el balón lo tuviera yo para tirar yo los tiros libres. Adoro a mi entenador porque además de eso también nos enseñó lo que era un equipo, a confiar en los demás, a ayudarnos, a separar lo que hacíamos de lo personal, a saber estar en el banquillo animando a las demás. De él también aprendí que para conseguir las cosas hay que esforzarse (o entrenar) y que si eres constante y tienes capacidad de sufrimiento puedes conseguir lo que quieras. Y él también me enseñó a escuchar, y a preocuparme por la gente que está a mi lado. Él me enseñó cada movimiento que hice dentro de una cancha de baloncesto, y también me enseñó cosas mucho más importantes. Él era de esas personas que hacen grandes cosas callando, era lo que veías, era bueno, y ahora, porque se lo merece, está en la ACB.
Como verás el baloncesto también es una parte muy importante de mi aunque ahora sólo veo los partidos de la selección. Todos. Aunque tenga que levantarme a las 5 de la mañana para verlos. ¿Sabes por qué dejé de jugar? Porque el último año tuve de entrenador una de esas personas a las que me refería un poco más arriba. Y yo a esas personas no las soporto, y no hay vuelta atrás.
Me gusta la playa, también en invierno. Me gusta que haga frío, abrigarme bien y dar un paseo por la playa. Eso me gusta hacerlo sola, pero si te convertes en una de mis personas puedes venir conmigo. Y odio el calor. Prefiero el frío, y en verano que haya brisa. No me gusta achicharrarme.
Normalmente me fío bastante de la gente y hablo de lo que sea esté quien esté delante. Por eso a veces me la juegan. Tengo que corregirlo. Generalmente no soy desconfiada, pero he aprendido que no todo el mundo tiene buenas intenciones.
Me encantan los niños pequeños, las niñas no tanto. Pero si sólo tengo hijos de un sexo prefiero que sean niñas. Y me gustaría tener hijos pronto, aunque sé que aun me quedan muchos años de estudio. Y me gustará vivir en una ciudad con mar, porque necesito verlo cada cierto tiempo. No puedo explicarlo pero el mar me relaja, y hace que esté tranquila. Me pone de buen humor.
Y ahora que sabes un poquito de mi espero que quieras seguir conociéndome. Porque yo sí que quiero conocerte a ti.